jueves, 29 de enero de 2015

FRAGMENTO 3

FRAGMENTO 3




Después de comer Andrés acompañaba a Lulú a la tienda, y luego volvía a trabajar en su cuarto. Varias veces le dijo a Lulú que ya tenían bastante para vivir con lo que ganaba él, que podían dejar la tienda; pero ella no quería. «¿Quién sabe lo que puede ocurrir? -decía Lulú-; hay que ahorrar hay que estar prevenidos por si acaso.»
De noche aún quería Lulú trabajar en la máquina, pero Andrés no se lo permitía. Andrés estaba cada vez más encantado de su mujer, de su vida y de su casa. Ahora le asombraba cómo no había notado antes aquellas condiciones de arreglo, de orden y de economía de Lulú. Cada vez trabajaba con más gusto. Aquel cuarto grande le daba la impresión de no estar en una casa con vecinos y gente fastidiosa, sino en el campo, en algún sitio lejano. Andrés hacía sus trabajos con gran cuidado y calma. En la redacción de la revista le habían prestado varios diccionarios científicos modernos, e Iturrioz le dejó dos o tres de idiomas, que le servían mucho. Al cabo de algún tiempo, no sólo tenía que hacer traducciones, sitio estudios originales, casi siempre sobre datos y experiencias obtenidos por investigadores extranjeros.
Muchas veces se acordaba de lo que decía Fermín Ibarra; de los descubrimientos fáciles que se desprenden de los hechos anteriores sin esfuerzo. ¿Por qué no había experimentadores en España, cuando la experimentación para dar fruto no exigía más que dedicarse a ella? Sin duda faltaban laboratorios, talleres para seguir el proceso evolutivo de una rama de ciencia; sobraba también un poco de sol, un poco de ignorancia y bastante de la protección del Santo Padre, que, generalmente, es muy útil para el alma, pero muy perjudicial para la ciencia y para la industria. Estas ideas, que hacía tiempo le hubieran producido indignación y cólera, ya no le exasperaban.
Andrés se encontraba tan bien, que sentía temores. ¿Podría durar esta vida tranquila? ¿Habría llegado, a fuerza de ensayos, a una existencia no sólo soportable, sino agradable y sensata? Su pesimismo le hacía pensar que la calma no iba a ser duradera. “Algo va a venir el mejor día -pensaba- que va a descomponer este bello equilibrio”. Muchas veces se le figuraba que en su vida había una ventana abierta a un abismo. Asomándose a ella, el vértigo y el horror se apoderaban de su alma. Por cualquier cosa, por cualquier motivo temía que este abismo se abriera de nuevo a sus pies
En verano salían casi todos los días al anochecer. Al concluir su trabajo, Andrés iba a buscar a Lulú a la tienda, dejaban en el mostrador a la muchacha y se marchaban a corretear por el Canalillo o la Dehesa de Amaniel. Otras noches entraban en los cinematógrafos de Chamberí, y Andrés oía entretenido los comentarios de Lulú, que tenían esa gracia madrileña ingenua y despierta que no se parece en nada a las groserías estúpidas y amaneradas de los especialistas en madrileñismo.


RESPUESTAS:



Este fragmento pertenece a la parte séptima del capítulo II, llamado vida nueva.


Este fragmento se puede dividir en tres partes:

-Una primera parte que consta del primer y segundo párrafo, nos explica como era la vida del matrimonio entre Andrés y Lulú.

-En la segunda parte que consta del último párrafo cuenta las escapadas que hacían la pareja y los buenos momentos pasados juntos. 

El tema del fragmento es la vida cotidiana entre Andrés y Lulú.

-La vida matrimonial de esta pareja funcionaba perfectamente ya que Lulú se sentía muy segura con Andrés.

En este fragmento se puede observar que la vida matrimonial de esta pareja funciona  muy bien y que es gracias a la sinceridad que tiene el uno en el otro y también se nombre que hay muchas personas que envidian esa relación ya que es magnifica.

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